¡Queremos mejor educación!

¿Qué queremos cuando pedimos o exigimos lo que queremos? Yo me he preguntado muchas veces por lo que lo que uno hace cuando pide y por lo que uno hace cuando exige. ¿cuál es la emoción que guía la mano o la voz de quién pide o exige, en cada caso?

Sin duda cuando pido admito que pudiera no recibir lo que pido, sobre todo cuando agrego: “Por favor”. Cuando pido quiero algo que otra persona podría darme si quiere, y necesito su deseo de hacerlo. Al pedir espero que otra persona escuche el argumento con el cual apoyo mi petición y se sienta inspirado por él; o quiero que las razones que presento como sustento de la validez de mi petición la convenzan porque ella encuentra, sin saberlo, que esas razones se fundan en la misma configuración de deseos y sentires que sustenta su propio razonar, de modo que no puede negarse. Al hacer una petición necesito que el alma del que puede satisfacer mi petición coincida con la mía y me acoja. Si eso no sucede mi petición no podrá ser oída. Y si mi petición es oída, para que sea satisfecha la otra persona debe tener a la mano o encontrar los medios para satisfacerla, y si esos medios no están a la mano la configuración de sentires en que se sustenta deja abierta la posibilidad de un conversación co-inspirativa en un proyecto que la satisfaga.

Cuando exijo dudo del escuchar del otro u otra, dudo de que sus deseos y los míos coincidan y recurro a una amenaza oculta o explícita desde la confianza que tengo en que el derecho o la fuerza podrían asistirme. La exigencia ataca, no invita, la exigencia separa, no acerca. La exigencia acusa al otro u otra de no querer cumplir con un compromiso o de no querer satisfacer una necesidad legítima de otro u otros. La exigencia al ser beligerante cierra o restringe la posibilidad de la reflexión porque rigidiza la relación disminuyendo la posibilidad de que ésta se transforme en una oportunidad de colaboración en un proyecto común de convivencia o de acción.

¿Queremos en verdad mejorar la educación nosotros los estudiantes, los profesores y las autoridades a cargo del país? Si esto es así la petición por si sola no es suficiente porque se requiere la acción del que la recibe y la acepta; y la exigencia sirve menos aún porque su mera formulación nos separa. Si somos honestos al declarar que queremos mejorar la educación en el país lo que tenemos que hacer es conversar, generar un espacio de coherencias de deseos, un mundo común de posibles haceres, un ámbito de co-inspiración que coordine nuestras voluntades en la realización coordinada de esos posibles haceres en un universo que nos resulta común porque surge de escucharnos en nuestros deseos totalmente en el mutuo respeto. Sólo si hacemos esto en la maravillosa desigualdad del mutuo respeto que nos entrega libertad en la confianza de que haremos lo que co-inspiramos porque queremos hacerlo corrigiendo los errores a medida que surgen en nuestro convivir. Si no estamos dispuestos a hacer esto sólo generaremos dolor, luchas, cegueras y deshonestidad.

¿Es esto difícil? A mí me parece que no lo es y que ahora es nuestro tiempo y nuestra oportunidad, ya que ahora es cuando el deseo de mejorar la educación para todos se ha hecho presente en el país en los jóvenes y adultos y es nuestra responsabilidad ética y social. ¿Qué disculpa honesta podríamos inventar para honestamente no hacer lo que tenemos que hacer si sabemos que queremos hacerlo y no queremos mentir ni prevaricar?

Saludos,

Humberto Maturana

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